Revista Ecoguía

Las crías de estas especies nativas podrían, a largo plazo, reintroducirse en ecosistemas donde se ha reducida su presencia y función ecológica, debido al uso de pesticidas.

 

BOGOTÁ D.C.- La reproducción y cría de tres especies de escarabajos coprófagos de Colombia inició con la localización de una fuente de alimento por parte de las parejas, aprovisionamiento del mismo con recurso alimenticio y la formación de una bola nido.

Tras la cópula llegó la fecundación. En una de las especies, el macho colaboró durante las primeras etapas y esperó a que la hembra pusiera el huevo. De la bola de excremento llevada por ambos, y que en este caso tenía forma de pera, nació una larva que se desplazó hasta lo profundo de su casa para alimentarse de ella, según lo documenta el Instituto Humboldt.

Ese fue, justamente, el alimento dejado por la madre garantizándole así la pervivencia. El cuidado del nido, estuvo a cargo de la hembra, quien permaneció por cerca de dos meses vigilándola hasta el nacimiento. 

Este ejercicio de reproducción en laboratorio tiene méritos adicionales. En Colombia solo ha sido documentado el ciclo reproductivo y de vida de una especie de escarabajo, Onthophagus curvicornis  (de cerca de 400 registradas). El trabajo de la investigadora Medina llenaría parte del vacío de conocimientos que presenta el país al respecto.

De hecho, una de las especies del género Sylvicanthon, procedente del municipio de Nuquí (Chocó), sería nueva especie descrita de Colombia y para la ciencia. Los indicios están en su ciclo de vida y en las características genitales y morfológicas. En la actualidad, la especie se encuentra en proceso de descripción.

Una especie más del género Canthon, identificada por ahora con un código en la Colección de Referencia de Escarabajos Coprófagos de Colombia, depositada en el Instituto Humboldt, está a la espera de que se surta el extenso proceso taxonómico, que revelará si se trata, también, de una especie nueva para la ciencia.

Por otro lado, las crías de estas especies nativas, a largo plazo, podrían reintroducirse en los sistemas ganaderos, donde se ha diezmado su presencia y función ecológica debido a los pesticidas, con el agravante de ser reemplazados con escarabajos foráneos. De esta práctica, y su éxito, hay evidencia en Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Brasil.

Claudia Medina, investigadora del Programa Ciencias de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, asistió y documentó todo el proceso.

Función ecológica

Los escarabajos coprófagos cumplen una función ecológica destacada para la salud de los ecosistemas al reciclar excremento, pues con esta dinámica retiran vectores de enfermedades y prestan un servicio de control biológico, fertilización del suelo y ciclado de nutrientes.

Este grupo de escarabajos aporta invaluables bienes sobre todo a la actividad ganadera. De hecho, se calcula que las funciones ecológicas de estos insectos, pueden reducir costos entre 380 y 480 millones de dólares al año, al fertilizar pastos, eliminar moscas y otros parásitos, así como vigorizar el suelo, según investigaciones realizadas en los Estados Unidos y el Reino Unido.

En cuanto a comportamientos reproductivos, destacan aquellos en los cuales los escarabajos forman su bola nido dentro de la misma masa de alimento (se les conoce como residentes); los que entierran porciones alimenticias inmediatamente (cavadores); o los que mueven o ruedan bolas del alimento lejos de la masa principal (rodadores).

En el caso de los escarabajos Scarabaeinae o coprófagos se presenta la estrategia reproductiva “K”, donde los padres invierten en la protección de los estados inmaduros; y de la misma manera, una fuerte tendencia evolutiva hacia el cuidado parental, que ha contribuido a la ventaja evolutiva de este grupo.

Hacia la cría masiva

Entretanto, las aspiraciones de la investigadora del Humboldt apuntan a “diseñar protocolos de cría masiva de coprófagos para reintroducirlas en las pasturas y garantizar que cumplan con su función ecológica, e incluso sea beneficiada la producción ganadera sostenible”.  Al respecto, afirma, que aún falta mayor investigación en el campo y una legislación nacional en el tema.

Por otro lado, Claudia Medina cree que además de establecer una comunicación directa entre adultos y larvas dentro del nido, estos coprófagos producen una sustancia química que, al parecer, funciona a manera de antibiótico y que impregnan en las bolas nido donde depositan su huevo, protegiéndolas de hongos y garantizándoles frescura hasta el nacimiento. La investigación que confirme o no tal hipótesis está en desarrollo y cuenta con el apoyo de la Universidad de Alicante, donde hay avances en curso.

Sobre el declive en las poblaciones de estos insectos, Medina considera “que tal situación no está siendo reconocida como en el caso de las abejas, pero su muerte está ocurriendo en silencio y de manera alarmante”.  Las evidencias apuntan a factores relacionados con la pérdida de bosques y el uso generalizado de drogas veterinarias en ganadería, cuyo excremento es usado por los coprófagos como alimento e insumo para la fabricación de sus nidos.

En un artículo escrito por Claudia Medina, se menciona que varios estudios comprueban que “estos químicos afectan la capacidad olfatoria, locomotora y sensorial, e interrumpen el funcionamiento fisiológico de la reproducción de los escarabajos. A pesar de las recientes alarmas, los gobiernos en Latinoamérica no están tomando las medidas necesarias y no existe en el país una normativa que regule el uso de tales drogas y proteja a la fauna benéfica.”

Entre los pendientes del país con los escarabajos coprófagos está, además, el conocimiento de sus ciclos biológicos, lo que impide avances en la investigación y evaluación en crías experimentales, y el efecto de las drogas veterinarias para establecer, así, una regulación nacional en el uso de las dosis mínimas de estos productos químicos.