Este municipio se ha convertido en el primer productor de fresa en el departamento de Cundinamarca, gracias a la iniciativa de una familia croata que llegó al país huyendo de la Segunda Guerra Mundial.

 

CHOCONTÁ, (Cundinamarca).-  Ignacio Frezik, un croata que llegó a Colombia junto con su esposa Elizabeth Rozman y  sus hijos como exiliados de la Segunda Guerra Mundial en 1954, sembraron uno de los primeros cultivos de fresa en este municipio.

Después de lograr escapar de cuatro campos de concentración, arribaron a bordo de un barco que transportaba inmigrantes, llegando a un país que para ellos era desconocido por su idioma, cultura y tradiciones. A pesar de todo eso, con el paso del tiempo este país sembró en ellos el propósito de iniciar una nueva vida, sin importar las marcas que les dejó la guerra.

Los Frezik Rozman, quienes pisaron tierra colombiana por primera vez en el puerto de Buenaventura, terminaron en una casa de refugiados en el Sisga, municipio de Chocontá, donde empezaron a sembrar sus sueños.

Ignacio, comenzó entonces a trabajar como albañil, granjero y hasta cocinero, ahorrando dinero y comenzando a hacer de sus sueños una realidad. Gracias a su buen desempeño, honradez y emprendimiento, un campesino chocontano lo apoyó y le dio la oportunidad de poner en práctica sus ideas de cultivar una fruta desconocida en esas tierras: La fresa.

Al mismo tiempo, se dedicó a la cría de ganado de leche, y de a poco, compró las tierras del finquero para el cual trabajaba. Una de las hijas de Ignacio, Katarina Frezik, mujer emprendedora y artista en la cocina, ha conservado la tradición de su país natal y las recetas de su mamá, por lo que comenzó a preparar productos derivados de la fresa como tartas, mermeladas, jugos y postres, comercializados desde su casa, aprovechando su ubicación sobre la vía Bogotá – Tunja.

Esta tradición la ha continuado Juliska Frezik, nieta de Ignacio e hija de Katarina, quien trabaja de la mano de su esposo Jorge Luis Núñez, heredando el empuje, creatividad y visión de empresa de su familia, mejorando y ampliando su negocio, innovando en la productividad y cultivando otras frutas como la frambuesa negra y roja, el ruibarbo, los arándanos y la granada.

Su actividad productiva la realizan de forma natural, sin químicos, dándole un buen uso a la tierra y haciendo un uso eficiente de cada uno de los recursos naturales, brindando a sus clientes, frutas frescas y transformadas en tartas, panecillos, muffins, pasteles, jugos y mermeladas, todos estos producidos de manera natural sin aditivos químicos que benefician la salud humana y al ambiente.

Con la voz entrecortada, Juliska muestra con orgullo las fotos de su familia, colgadas en las paredes del granero estilo europeo que construyeron. A pesar de todo lo que tuvieron que pasar, se siente agradecida por la acogida y las oportunidades que encontraron en Colombia. Ahora, ve con alegría que sus hijos Santiago e Isabella, a pesar de su corta edad y de sus aspiraciones profesionales, piensen en mantener y ampliar este negocio, para no dejar morir la tradición de sus raíces europeas.

A cultivar sueños

Actualmente, Juliska cuenta con el apoyo de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca - CAR- y la gobernación del departamento, quienes han reconocido su esfuerzo y labor ambientalmente sostenible y la apoyan desde el proyecto de Negocios Verdes del programa de Producción Más Limpia - PML, cuyo objetivo es la disminución de la contaminación e impactos negativos sobre los recursos naturales, además de apoyar a estos productores en comercializar sus productos en el mercado.

La gobernación le ha dado un incentivo para comprar un refrigerador, indispensable para conservar sus productos, además de otorgarle otros premios de reconocimiento por su innovación empresarial. Como Juliska, cualquier persona emprendedora puede trabajar de la mano de la CAR vinculándose a los programas de Producción Más Limpia y Negocios Verdes, que redundan en una buena salud y mejoramiento de la calidad de vida de nlas comunidades.