Eso de que algunos deportistas norteamericanos tuvieran que llegar a la sede principal de los Juegos Olímpicos, en Pekín, con máscaras de oxígeno, parece sacado de una caricatura. Acudir a este tipo de accesorios pese a que el gobierno chino ordenó el cierre de 200 fábricas, paralizar no menos de 9.000 obras y prohibir el tráfico de la mitad de los vehículos particulares, deja mucho qué pensar sobre la crisis ambiental en el país que se avisora como la mayor potencia mundial en un futuro ya no lejano.

No parece nada fácil la tarea de garantizarles a los participantes de la mayor justa deportiva del mundo un aire limpio. Desintegrar las nubes de humo a las que al parecer se han acostumbrado ya buena parte de los 1.300 millones de habitantes que alberga este país, no es tarea de unos meses.

Si bien China ha descrestado al mundo con su monumental Estadio Olímpico que paradójicamente lo llaman el nido de pájaros, pasará a la historia por haber sido aceptado como sede de un certamen en el que sus protagonistas principales, los deportistas, son la expresión más clara de un ambiente natural sano para ganar. Aire puro es lo que reclaman los pulmones de los aguerridos competidores.

Después de ese paisaje ambiental tan denso en medio de las marcas olímpicas, habría que pensar en que a la hora de escoger los países sedes de certámenes que como los Juegos Olímpicos congregan al mundo entero sean ejemplo de preservación ambiental. Países, que como China, han llegado a estados tan críticos de deterioro ambiental, al punto de hablarse de hasta 750.000 muertes al año por esa causa, deberían tener una especie de veto ambiental para que tomen medidas que les permita recuperar su entorno.

Contrasta con el gran número de medallas obtenidas en los Juegos Olímpicos por el llamado gigante asiático, lo que podría ser la peor de sus marcas, la de la contaminación. En tal sentido, un informe del periódico español El Mundo, señala que actualmente, China alberga nueve de las 10 ciudades más contaminadas del planeta, entre las cuales figura Lanzhou, donde según el corresponsal del diario en mención, "el humo cubre sus cielos las 24 horas del día".

Será muy difícil borrar de estas olimpiadas en China, la gran sombra de contaminación ambiental que se hizo pública a través de todos los medios de comunicación. Pero más difícil aún será garantizarles un ambiente sano a los millones de chinos que, una vez terminen los juegos, volverán a su hábitat natural de polución en un país que pese a su creciente tendencia de producción industrial se niega a mantener los mínimos estándares de conservación de un ambiente apto para la calidad de vida de sus habitantes.