En el Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de árboles, organizaciones ambientales se pronuncian y hacen un recorrido por los diferentes países latinoamericanos y los nocivos efectos ambientales de esta tendencia.

 BOGOTÁ.- Hace más de diez años, cada 21 de septiembre, organizaciones ambientales conmemoran el 21 de septiembre como el Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles, fecha en la cual alzan sus voces contra un modelo que “acaba la diversidad, las aguas, la soberanía alimentaria y la vida campesina”.

Tales organizaciones, agrupadas en la Red Latinoamericana contra los Monocultivos de Árboles, Recoma, junto a las organizaciones campesinas, indígenas, negras, juventudes, ambientalistas y académicos exigen “la expulsión de los monocultivos de árboles de nuestros territorios, y la sanción a las empresas forestales que han socavado las relaciones sociales, económicas y ecológicas de las regiones donde han sido implantados como parte del modelo de despojo”.

En un comunicado expedido con ocasión del Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de árboles, reiteran sus denuncias sobre los impactos de las empresas forestales y de su maquillaje de “economía verde”.

Recuerdan que según el Foro Económico Mundial, más de la mitad del planeta vive en escasez económica de agua, con más 2.500 millones de personas --36 % de la población mundial-- con estrés hídrico. De ahí su clamor para que se frenen las actividades extractivas forestales y el modelo de monocultivos de árboles que califican como “destructor de ecosistemas y comunidades”.

“Estos monocultivos son responsables además de la degradación, contaminación y desaparición de cuerpos de agua en numerosos lugares del planeta, donde habitan comunidades campesinas, negras e indígenas”, aseguran.

Dando un vistazo a la situación en diferentes países de Latinoamérica, dichas organizaciones recuerdan que en Argentina, donde los humedales padecen el avance agroindustrial, las empresas forestales presionan para que la sanción de la Ley de Humedales no prospere.

En Chile, por su parte, tienen que enfrentar los incendios forestales (alrededor de 500.000 hectáreas no sólo de plantaciones de pinos y eucaliptos sino también de bosques fueron consumidas en un mes, este año) cuyo origen se presume está relacionado con las plantaciones de pinos y eucaliptos,  y que llevaron a declarar alertas amarillas y rojas en la región del Bío Bío, así como en Valparaíso.

En Colombia, recientemente, se sancionó a una empresa maderera con más de 815.000 dólares por afectación ambiental -ocupar el cauce de cuerpos de agua. Esto sucede al tiempo que se conocieron crecientes cifras de deforestación que ascienden a más de 178.000 hectáreas, solamente en 2016, agrega el comunicado.

Costa Rica, denuncian, es actualmente el mayor exportador de piña del mundo --el 75% de las exportaciones provienen de este país-- y amenaza con seguir expandiéndose de forma incontrolada.

Un estudio del 2017 reveló que en 15 años la actividad piñera ha deforestado el equivalente a 5.566 hectáreas y ha contaminado decenas de acueductos rurales, además de expulsar campesinos.

Detallan que en Ecuador, entre tanto, el avance de las plantaciones de eucalipto, pino, palma aceitera y teca, se hace con el apoyo directo del gobierno, que de manera arbitraria otorga a las empresas un incentivo de hasta el 75% de la inversión, pese a que estos monocultivos afectan y contaminan el agua, provocan deforestación de bosques nativos, e invaden territorios de comunidades indígenas y negras, violentando los derechos humanos y colectivos de los pueblos.

En Guatemala, en junio de 2015, en la región del Petén, miles de peces murieron repentinamente a lo largo de 105 km del cauce del río; esto, asociado al derrame de productos químicos (entre ellos malatión, químico utilizado para tratar plantas de palma) de la empresa Repsa (Reforestadora de Palma del Petén SA).

Se estima que este hecho afectó a las 16 comunidades que habitan en las orillas del río La Pasión, un aproximado de 5.600 familias conformadas por cerca de 30,000 personas, estimándose la pérdida de 5.143 Ton de especies de agua dulce.

Los efectos contaminantes de este derrame se reportaron también en México, con mortandad de especies de agua dulce, sobre todo de peces. El caso del río La Pasión no generó ningún tipo de sanción por parte de las autoridades ambientales de Guatemala a Repsa, evidenciando la nula regulación que existe sobre las empresas palmeras, señalan voceros de Recoma.

En México, hasta el 2012, se cultivaron 61.549 has lo cual significó mantener e impulsar las plantaciones de palma aceitera en los territorios de manera constante bajo un modelo de uso de agrotóxicos y fertilizantes que causan fuertes impactos sobre los cauces de agua y ríos aledaños a las plantaciones.

El Estado de Chiapas produce el 80 % del aceite de palma que, junto a la plantación de mango, plátano y pastizales, son algunos de los monocultivos que han ido cambiando la dinámica agrícola y ecológica. Esta no se remite únicamente a México, ya que muchos cultivos se conectan con las regiones de producción importantes en Centroamérica como Guatemala y Honduras.

“Con las inmensas hileras de árboles, un paisaje uniforme y un silencio que refleja la ausencia de biodiversidad unimos nuestras reflexiones y experiencias observando los impactos negativos comunes que tiene el monocultivo de árboles en los diferentes territorios”, señalan.

“Un verdadero horizonte de paz para el planeta debe buscar asiento en la diversidad natural-cultural de nuestros territorios, la soberanía comunitaria y la dignidad de nuestros pueblos”, concluyen los integrantes de esta red que rechaza los monocultivos.