Un altiplano localizado a unos tres km al sur del actual perímetro urbano de la población, entre los ríos Rumiyaco (al norte) y Pepino (al sur) y las veredas Los Andes y Planadas, sería uno de los sitios indicados para reubicar a la población afectada por las avenidas torrenciales que arrasaron con 17 barrios.

 

Dicha zona está limitada al este y el oeste por dos cerros alargados y de baja altitud (30-20 metros), que constituyen barreras naturales de protección. Además, estos cerros no presentan procesos de inestabilidad geomorfológica (erosión y deslizamientos) y limitan una zona de morfología plana a ligeramente ondulada. El área está limitada por dos cauces fluviales en sus costados norte y sur, sobre los cuales la zona potencial puede tomar gran distancia (Ver figura 1).

El análisis geomorfológico sobre la conveniencia de esta zona fue realizado por el geólogo Germán Vargas Cuervo, docente de la Universidad Nacional de Colombia, quien también estableció que cerca del 80% de la zona urbana actual de la capital del Putumayo estaría en zonas afectadas por procesos geomorfológicos pasados y recientes.

A través del estudio del terreno afectado en inmediaciones de los cauces fluviales y sus procesos dinámicos (movimientos de los ríos y/o eventos torrenciales sobre las laderas), sobre la zona urbana y sus alrededores, utilizando imágenes de satélite y modelos digitales de terreno, el docente evidencia cuatro procesos geomorfológicos activos importantes. (Figura 2).

El primer proceso fluviotorrencial, el cual es el más relevante, es expresado por una morfología del terreno en forma de “abanico” asociado al cauce del río o quebrada La Taruca, que corresponde al cauce más norte que llega a la población desde su costado occidental. Se trata de un cauce más de rocas o piedras angulosas con un cuerpo de agua muy delgado de unos 1.5 metros en periodos normales.

En la historia del río, esta forma de abanico evidencia su carácter torrencial en el pasado y el presente, registrando depósitos de fragmentos de grandes bloques de rocas redondeadas que se entremezclan en menor proporción con lodos, arenas y restos de plantas.

Su morfología (forma del terreno), contrasta con las formas circundantes en su parte superior de cerros rocosos de pendientes abruptas que se orientan en dirección noreste. La morfología del

depósito torrencial del abanico se caracteriza por desarrollar pendientes ligeramente inclinadas y de superficies rectas. En este abanico, se presenta cerca del 60 % de la zona urbana de Mocoa y correspondió a la zona de mayor afectación por el evento del 1 de abril de 2017. (Figuras 2 y 3).

El segundo proceso geomorfológico se presenta asociado al cauce del río Sangoyaco, que desciende de oeste a este en la parte central de la zona urbana. Los depósitos torrenciales de este río se mezclaron obstruidos con los eventos torrenciales del río La Taruca que dominan sobre estos que son de menor magnitud. El ancho del corredor de los flujos torrenciales asociados a este río puede alcanzar los 200 metros.

El tercer proceso torrencial se asocia al río Mulatos localizado en el costado sur de la zona de influencia urbana y desciende de oeste a este del área de montaña. La zona de influencia por crecientes y avenidas torrenciales presenta un ancho de 200 y se ensancha en su parte distal hasta unos 500 metros. Está zona cubre aproximadamente un 20 % del área urbana de Mocoa.

El cuarto proceso morfodinámico se relaciona con el río Mocoa, caracterizado por presentar un cauce activo de múltiples canales (hasta cuatro) que se entrecruza formando localmente sistemas trenzados. El ancho del cauce activo o cuerpo de agua varía entre 10 y 50 metros en aguas bajas. El lecho mayor o zona por donde el río puede divagar o ser ocupado por sus aguas en periodos de lluvias invernales fuertes, mide en su parte más ancha 422 metros. Por corresponder al área más baja, este cauce puede presentar desbordes sobre su margen derecha y flujos torrenciales por su descenso desde su cuenca alta.

Actualmente, el casco urbano de Mocoa tiene una superficie aproximada de 2 km cuadrados y esta zona morfológica estable cubre una superficie de unos 8 km cuadrados con suficiente distancia a los cauces aluviales en sus costados norte y sur para darle estabilidad.

Si bien estas zonas deben ser evaluadas con estudios detallados desde su estabilidad geológica y geotécnica y logística para los servicios básicos, parece ofrecer mejores condiciones que la zona actual (Figura 3), comenta el profesor Vargas.

En relación con Mocoa, el docente concluye que La teoría del uniformitarismo de Hutton basada en la célebre frase “El presente es la clave del pasado”, se aplica muy bien a la evaluación de zonas de riesgos por procesos naturales que han dejado huella o registros en el terreno a partir de sus materiales geológicos y las formas del terreno (geomorfología).