En San Juanito, Meta, en zona de inflluencia del Parque Nacional Natural Chingaza registran, por primera vez, la rana de niebla carranguera, especie declarada como vulnerable a la extinción y llamada así en homenaje al género colombiano de esta música.

Con la negación de la licencia ambiental al proyecto hidroeléctrico de Cañafisto, en el occidente de Antioquia, se reguardó una gran extensión de Bosque Tropical Seco,el cual es considerado estratégico frente al cambio climático. Reportaje de Mongabay Latam.

BOGOTÁ.- Los ataques de perros a humanos y el debate sobre el maltrato animal son ejemplos del carácter político que los animales de compañía han adquirido en la sociedad colombiana.

 

Bogotá D. C.- Seis nuevas especies de mariposas y un sapo que no había sido clasificado antes, son algunos de los hallazgos en cerca de 20 kilómetros recorridos entre el municipio de Acevedo (Huila) y Los Ángeles (Caquetá), donde los investigadores encontraron más de mil especímenes diferentes.

En un recorrido que partió desde los 2.000 metros sobre el nivel del mar y llegó a los 300, el grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) que hicieron parte del proyecto Bio de Colciencias, apoyado por el Instituto de Investigación Científica Sinchi, logró documentar más de 900 especies entre flora y fauna.

Los docentes Miguel Andrade, John Douglas Lynch y Julio Betancourt participaron en la expedición que tardó 10 días y que buscaba recolectar información de la biodiversidad de esta zona del país, recientemente evacuada por los ex guerrilleros de las Farc.

Con el apoyo de Marianne Espeland, curadora y directora de la sección de mariposas del Museo Koenig, de Bonn (Alemania), el profesor Andrade logró encontrar un total de 750 especies de mariposas en Caquetá.

Dentro de este hallazgo se incluye la Godillis Duidillia, especie que se tenía documentada solo en Ecuador y una variedad conocida como “Morfo” que se tiene registrada en el país, pero no en Caquetá.  

“Quedamos muy agradecidos con las personas que nos apoyaron como guías en el recorrido porque fueron muy receptivos, incluso ellos aprendieron a utilizar la red para cazar mariposas. Eran nuestros ayudantes, cocineros y conocedores de la zona”, afirmó el profesor Andrade.

Además, fue un espacio para compartir conocimientos. “Ellos no sabían mucho de mariposas, pero nos ayudaban, por ejemplo, a identificar de qué planta se estaban alimentando”, comentó el profesor Andrade.

Ahora viene el proceso de clasificación y determinar la taxonomía de las mariposas, así como el reconocimiento genético de todos los ejemplares, con la colaboración de los expertos de Alemania. 

Composición genética de las mariposas

La especialista en mariposas del museo Koenig Marianne Espeland aseguró que el proceso de organización genética de las mariposas tarda, en promedio, una semana.

“Para ello lo que hacemos es tomar una o dos piernas de la mariposa, las ponemos en un químico específico que revela el tejido donde se encuentra el adn para luego encontrar la secuencia genética de cada una de las especies encontradas”, explicó.

Además de la combinación genética, se hace análisis de la morfología de las mariposas para encontrar su parecido con especies específicas y así clasificarlas dentro de un grupo específico.  

Nuevas especies de serpientes

Como una salida de ‘pura excelencia’ clasificó el profesor Lynch la expedición a Caquetá, donde logró encontrar un total de 47 especies de serpientes de las que no se tenía registro en esta zona del país, aunque sí en Colomiba. “Es un área muy rica en fauna, porque los agricultores de la zona no han empezado a talar y por tanto las condiciones ecológicas son magnificas. Pensé que solo iba a encontrar entre tres y cuatro especies de serpientes y sorprendentemente hallé más de 40”, afirmó el profesor Lynch.

En total, se logró la captura de 310 animales entre los que se destacan 90 especies de ranas, 47 tipos de serpientes y 10 variedades de renacuajos, entre otros especímenes de la fauna natural, según informó la Agencia de Noticias de la U.N.

 

BOGOTÁ.- Entre febrero y abril, las ranas Osteocephalus taurinus, O. yasuni y O. cabrerai hacen parte de las pocas presas que le quedan disponibles a los indígenas de las comunidades Bella Vista de Abiyú y Puerto Loro de Macucú, al suroriente del Vaupés.

Estos anfibios son utilizados, en su mayoría, para la preparación de sopas, aunque algunos se comen ahumados, informó la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.).

En las comunidades mencionadas, que habitan cerca a la frontera con Brasil, se consumen unas 2.000 ranas en los tres meses de la temporada de lluvias, lo cual equivale a unos 60 kilogramos de carne, explica Juan Camilo Bonilla González, magíster en Ciencias y Biología de U.N.

El 96 % de los anfibios consumidos pertenece a la especie Osteocephalus taurinus; la investigación reportó, así mismo, la caza de dos nuevas especies: la O. yasuni y la O. cabrerai, que corresponden al resto del porcentaje.

La mayoría de los individuos recolectados son machos, aunque los indígenas prefieren las hembras, ya que son más grandes –miden entre 8 y 11 centímetros, en comparación con los machos, que miden entre 6 y 8- y tienen huevos, cuyo sabor les encanta, indica el investigador Bonilla.

Normalmente, en Bella Vista y Puerto Loro se consumen unas 50 especies de fauna, pero en la temporada de lluvias, cuando los niveles de agua suben, no quedan muchos recursos disponibles, por lo que la rana se convierte en un alimento fundamental.

Entre febrero y abril, aproximadamente, los anfibios bajan de la parte alta del bosque, con el fin de buscar charcos o pozos para reproducirse.

En horas de la madrugada, los machos empiezan a cantar para atraer a las hembras; con linternas, los pobladores de la comunidad de Bella Vista entran al bosque, se acercan a los charcos y las cogen con la mano.

Entre tanto, los indígenas de la comunidad de Puerto Loro usan un método tradicional, que consiste en cavar un hueco, el cual se llena naturalmente de agua, a causa de las lluvias o la filtración de los suelos y donde caen las ranas.

El investigador Bonilla encontró que este método es más eficaz y garantiza un consumo sostenible, que favorece la preservación de la especie, ya que en el agua del hueco se desarrollan las primeras etapas de vida de los renacuajos que nacen de los huevos depositados por las ranas que caen en este lugar.

Cabe señalar que los anfibios Osteocephalus taurinus ponen unos 3.000 huevos y para preservar la especie se debe respetar el crecimiento de los renacuajos, de tal forma que estos se puedan desarrollar y reproducir, aproximadamente, un año después, explica el magíster.

“Por suerte, los indígenas saben eso. Las ranas son fundamentales para ellos, no solo por el alimento sino también porque ellas les avisan, con sus cantos, que se avecina la temporada de lluvia, con lo cual empiezan a trabajar en sus cultivos”, complementa.

No obstante, al científico le preocupa que los desequilibrios causados por el cambio climático afecten este ciclo natural, toda vez que las temporadas de lluvias se desfasan o duran menos, generando sequías.

El investigador Bonilla destaca, por otro lado, que “este es el primer reporte que se hace sobre los hábitos de consumo de ranas en dichas comunidades indígenas. Aunque algunos científicos, como el alemán Theodor Koch-Grünberg –en el que se inspira la película El abrazo de la serpiente-, ya habían hecho algunos apuntes al respecto.

Esta investigación se llevó a cabo en la zona aledaña al río Tiquié, uno de los afluentes del río Vaupés.

El estudio contó con el apoyo de la Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas de la Zona del Tiquié (AATIZOT), la cual se interesó en determinar si los hábitos de consumo de rana eran sostenibles.

Por otro lado, la investigadora Mariela Osorno Muñoz, del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi gestionó el proyecto, que fue financiado por Colciencias. La tesis del investigador Bonilla fue dirigida por la profesora Olga Lucía Montenegro Díaz, del Instituto de Ciencias Naturales de la U.N.

Fotos: (Mariela Osorno y Juan Camilo Bonilla)

 

Después de minucioso estudio de tipo bacteriano se concluyó que la mortandad de peces en el Lago El Cisne, en Barranquilla, obedeció a esta bacteria. Autoridades ambientales aseguraron que no hay contaminación del agua.

Desde el próximo 7 de febrero y hasta el 27 de mayo, niños de 5 a 12 años y jóvenes de 13 a 16, podrán  disfrutar  de las nuevas sesiones científicas sobre los diferentes usos de las plantas.