El ñame silvestre, una de cuyas especies se conoce comúnmente como zarzaparrilla, puede resultar de alta efectividad para tratar enfermedades como la obesidad, el colesterol y la diabetes tipo 2, señala un estudio de investigadores de la Universidad Nacional, dado a conocer por la Agencia de Noticias de esta Institución.

 

BOGOTÁ, D.C.- Las diosgeninas son una familia de sustancias naturales presentes en el ñame silvestre (Dioscorea spp.) que pueden ser utilizadas en el tratamiento de la obesidad, el colesterol elevado y la diabetes tipo 2, entre otras.

“En Colombia existen géneros de ñame no comestible que, según varias investigaciones, se han empleado para tratamientos fitoterapéuticos, es decir terapias desarrolladas a partir del uso de productos naturales”, explica la profesora Silvia Bustamante, del Grupo de Investigación en Ñame del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (Ibun).

Como en el mercado internacional existe una planta conocida como zarzaparrilla, a la que se le han dado usos similares, en las plazas de mercado se comenzaron a identificar las especies nativas de ñame con este nombre. Sin embargo se trata de plantas muy diferentes, caracterizadas como Dioscorea coriácea, Dioscorea lehmanni, Dioscorea meridensis y Dioscorea polygonoides. Estas se encuentran en estado silvestre en toda la provincia del Tequendama, departamento de Cundinamarca, y en otras zonas de los Andes colombianos.

La gran demanda que tiene este producto, del que solo en Bogotá se consumen alrededor de 488 kilos semanales –según los resultados del grupo de investigación–, ha hecho que cerca de 300 recolectores vivan de su extracción en los bosques nativos de la zona. Esta situación supone un potencial riesgo de extinción de la especie, como ocurrió en otros países, porque la tasa de recolección es superior a la regeneración natural.

“Los recolectores de esta planta suelen recorrer esta zona y cada vez que ven una enredadera con hojas en forma de corazón comienzan a explorar el territorio en busca de estos tubérculos”, comenta Darío Pérez, del mismo grupo de investigación, para quien otra de las ventajas de estas especies es la de conservarse sin necesidad de realizar un proceso de refrigeración.

Estudios farmacológicos

Tales razones han llevado a que el Ibun, el Instituto de Ciencias Naturales y el Departamento de Farmacia adelanten una serie de investigaciones encaminadas a comprobar las propiedades de las cuatro especies mencionadas, a partir de estudios farmacológicos mediante los cuales también se pueda descartar su toxicidad, y hacer una eventual formulación.

“El grupo hizo pruebas piloto con ratas, a las que se suministraron extractos de las plantas consideradas de baja toxicidad y altos valores de eliminación de colesterol y azúcar; estos porcentajes exactos los mantenemos en reserva porque aún no son concluyentes”, subraya la profesora Bustamante, para quien la intención de los investigadores es obtener productos fitoterapéuticos.

Para contribuir a evitar la extinción de las especies, los investigadores también han desarrollado procedimientos basados en cultivos de tejidos vegetales en condiciones de laboratorio absolutamente estériles, que inicialmente contempla una fase de conservación de estas especies.

Cuando se establezcan mecanismos de cultivo de manera consensuada con las personas que extraen los tubérculos se adelantará una segunda fase en la que se comenzará a explorar la mejor forma de cultivarlos en parcelas demostrativas.

“Aunque la región del mundo más rica en Dioscorea es América Latina, hasta el momento no se han podido desarrollar proyectos de desarrollo sostenible”, explica a su turno el profesor Gustavo Buitrago, para quien el estudio de especies como el ñame hasta ahora no ha generado suficiente conocimiento para su aprovechamiento fitoterapéutico.

Pese a que el ñame podría tener otros usos, lo que se observa hasta ahora es que cuando se recoge es comercializado en las plazas de mercado sin ningún tipo de transformación que permita darle valor agregado. Se tienen casos aislados, como el de una empresa de Cali que aprovecha su gran concentración de almidón para hacer pandebonos.

De contar con los recursos que hacen falta para terminar la investigación, cuyo valor se estima en 350 millones de pesos, el Grupo de Investigación tendría resultados al término de un año.