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Se realizó en Colombia el lanzamiento del 2010 como el Año Internacional de la Biodiversidad. En el Centro Interactivo Maloka, el 11 de Septiembre, se habló de algunos de los mayores peligros sobre los cuales se deben prender alarmas desde ya frente al cambio climático pese a que los países en vía de desarrollo como el nuestro son los que menos generan gases efecto invernadero. Se tocaron temas como la explotación minera en áreas de reserva, el tráfico ilegal de especies, la sobreexplotación de la riqueza pesquera y la tala indiscriminada de bosques. En fin, la lista es bastante larga y por consiguiente los retos son también de gran magnitud.

El compromiso interinstitucional para generar acciones de protección de la biodiversidad colombiana fue acordado por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, la Secretaría Distrital de Ambiente, el Centro Interactivo Maloka, el Fondo Biocomercio, la Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia, la Fundación Proaves, la Fundación Mar Viva y el Instituto Alexander von Humboldt.

La proclamación del 2010 por parte de Naciones Unidas como el Año Internacional de la Biodiversidad, se convirtió en el marco oportuno para que el Ministerio anunciara su interés por avanzar en la actualización de la Política Nacional de la Biodiversidad, tema que se ha vuelto urgente. "Los ecosistemas nacionales ofrecen servicios ambientales como la regulación hídrica, del clima y de las temperaturas, o el almacenamiento de CO2, pero hasta ahora estos servicios no han sido valorados y deben ser tenidos en cuenta como una contribución adicional para conservar la biodiversidad", dijo el ministro Carlos Costa, al advertir sobre la necesidad de actualizar la dicha Política.

Más allá de la actualización, la esperanza es que esta Política sea construida con los actores directamente vinculados a los territorios que se deben conservar y con aquellos que se han convertido en agentes de contaminación, ya sea por procesos industriales, agrícolas o de construcción. La responsabilidad ambiental del Gobierno y del Congreso de la Republica están en juego. No se puede seguir legislando para un país tan biodiverso como el nuestro ?segundo a nivel mundial- con base en los intereses de aquellos pocos que tienen la manera de hablarle más cerca al Gobierno.

Al pensar en una política de tanto impacto como es la de la biodiversidad, más que nunca se debe tener en cuenta el valioso apoyo de la academia, que año tras año desarrolla importantes investigaciones sobre el crítico estado de nuestros páramos, el alarmante deterioro de arrecifes y corales, los daños irreversibles que ocasionan especies invasoras como el caracol pala ?Helix Aspersa- o la hormiga loca, la alteración de ecosistemas tan ricos como el llamado Tapón del Darién y sobre el impacto que tendrán cultivos extensivos pensados exclusivamente con fines económicos.

Si el Gobierno quiere atender plenamente el llamado del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, en el sentido de renovar esfuerzos para proteger la vida en el planeta, debe empezar por escuchar todas las voces antes de tomar medidas apresuradas que en lugar de mejorar la situación, la empeora. Esa es la savia de la democracia.