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El comienzo de un nuevo Gobierno es el momento ideal para repensar la política nacional con un enfoque ambiental. Es claro que todas las actividades del ser humano, desde las más cotidianas hasta las más complejas en su vida profesional tienen qué ver con el medio ambiente. Desde comerse una deliciosa y fresca ensalada hasta el inolvidable viaje a algunos de nuestros hermosos parajes naturales. Pero también el ambiente está inmerso en grandes proyectos de desarrollo nacional y en controvertidas empresas cuya producción ponen en serio riesgo la preservación de nuestras reservas hídricas, vegetales y animales, y por ende, de la vida humana.

No se trata, como nos lo decía recientemente el ministro de Ambiente, de ser radicales en nuestras miradas. Del sí o el no tajante a iniciativas como la gigantesca explotación minera en La Colosa, en el Tolima, o de la hidroeléctrica de El Quimbo, en el Huila. O, más recientemente, el interés del sector empresarial vallecaucano por construir, a largo plazo, un puerto en Bahía Málaga, justo cuando están dadas todas las condiciones para ser declarada Parque Nacional Natural. Claro que no, pero sí se debe ser consecuente con nuestra naturaleza y así prevenir efectos de los cuales no valdría la pena ni arrepentirse porque los daños ecológicos, rara vez se pueden resarcir totalmente. Estos, a diferencia de las leyes, no son de carácter retroactivo.

Es por eso que nos parece muy oportuno el Pacto Ambiental Colombiano, convocado por varias Organizaciones No Gubernamentales y liderado por la Fundación Malpelo. Se trata de un pacto integral, del cual no se escapa casi que ninguno de los frentes que componen un Plan de Gobierno integral: economía, energía, agricultura y medio rural, territorio, transportes, fiscal, biodiversidad, salud, investigación, política internacional, actividad pesquera y educación

En todos ellos debe estar el enfoque ambiental, como prioridad nacional pues tal como lo señalan los promotores del pacto “estamos frente a un deterioro ambiental sin precedentes que ha llevado al mundo a revisar de qué manera se puede frenar el tan difundido cambio climático. Este fenómeno, producto de la destrucción de ecosistemas, extinción de especies y de la contaminación, entre otras actividades consumistas, debe ser tomado muy en serio por todos los gobernantes del mundo. Aquí no se trata de una alineación política determinada sino de una acción conjunta para enderezar el futuro del planeta.

Es por estas y muchas más razones por las cuales nos unimos a esta causa común que pregona el Pacto Ambiental Colombiano, como una semilla de esperanza en la gestión del nuevo gobernante y su equipo de trabajo. Colombia tiene aún mucha riqueza y preservarla es asunto de todos, sin que por ello se estanque nuestro desarrollo.